sábado, 2 de mayo de 2026

‘Aborrescentes’: ¿por qué los padres tienen tanto miedo a la adolescencia?

 Muchos adultos llegan a esta etapa cansados y la ven como un periodo negativo, pero hay que entender que es una época madurativa normal en la que es el momento de conocer y acompañar a los hijos



Tras nueve meses de embarazo, padres y madres tienen un hijo. Se sienten felices, aunque quizás algo abrumados por la responsabilidad. Los primeros meses son duros: establecer la lactancia, el sueño, lidiar con el llanto… Luego, según pasan las semanas, empiezan con la introducción de alimentos sólidos, con la elección de la escuela infantil o con el momento de quitar el pañal. Luego llega Primaria, los exámenes o los deberes… Hasta que, casi sin percatarse, un día su hijo ya no es tan pequeño. Ya es más alto que ellos; lleva zapatos más grandes; habla de una forma rara o se encierra en su habitación… Ella ha llegado: la temida y odiada adolescencia. ¿Será verdad que esta etapa vital acaba con el vínculo entre los progenitores y su descendencia?

Sara Desirée Ruiz, educadora social y especialista en personas adolescentes, está de acuerdo en que existe una imagen negativa alrededor de esta etapa, tanto que fue lo que la llevó a desarrollar su trabajo en las redes sociales para educar a los adultos. “Existe incluso un término peyorativo para dirigirse a los chicos y chicas en esas edades: aborrescente, algo que aborrece, que molesta”, ejemplifica. La experta añade que encuentra a muchos padres y madres que ansían que la adolescencia termine rápido, como si desearan librarse de algo malo: “Y eso es peligroso porque es justo en ese momento cuando se toman decisiones importantes para la vida adulta. Si no se les acompaña, no será posible ayudarles en esa transición”. 

Para la jurista Laura Mascaró, madre de dos niños homeschoolers y autora del libro ¿Dónde crece el dinero?, la desconexión ocurre en el momento en que los hijos son escolarizados: “Cuando el niño entra en la escuela se separa de sus padres. Los progenitores pasan horas lejos de sus hijos, y así ocurre una desunión entre ellos. Es ahí cuando se siembran las condiciones que propiciarán el conflicto”, asegura. La idea de separación entre padres e hijos es defendida también por el docente estadounidense John Taylor Gatto, que dice en su libro Armas de Instrucción Masiva (2016) que los padres son estimulados a dejar a sus hijos en largas jornadas escolares para que ellos puedan alimentar la economía.

La visión negativa en torno de la adolescencia es fomentada, en gran parte, por los medios de comunicación, las redes sociales o, incluso, películas o serie. “Al final de la pandemia, cuando los jóvenes realizaban macrobotellones, muchos medios de comunicación les señalaron como los responsables que contribuían a la transmisión del virus. Sin embargo, muy pocos se preguntaron sobre sus necesidades. Las personas adolescentes sufrieron mucho con el confinamiento”, recuerda Ruiz.

En el siglo XXI, los jóvenes son vistos como ninis, pero antiguamente pasaban de la infancia directamente a la vida adulta. De ahí que exista la idea de que la adolescencia es una invención moderna. “En el siglo XVIII era normal ver capitanes del ejército menores de 18 años. Sin embargo, un chico de 15 años en 2022 está en una burbuja”, señala Mascaró. “Sigue siendo tratado como un niño pequeño”, prosigue, “pasa horas en el colegio y, por las tardes, sus padres le llevan a más clases de inglés, karate, piano… Los jóvenes no necesitan más clases depero sí realizar un trabajo”. Según explica esta experta, los adolescentes quieren sentirse útiles: “Sin embargo, no se les permite”. Además, la jurista defiende su inclusión en grupos de voluntariado o apuntarse a los Scouts para que sientan que cooperan, trabajan y ayudan con algún sentido.

No se permite a los chicos crecer cuando les toca y, a la vez, se empuja a los niños pequeños a hacerlo antes de tiempo. El sociólogo estadounidense Neil Postman escribía en su obra The Disappearance of the Childhood (La desaparición de la infancia, por su traducción al español) sobre la idea de la extensión artificial de los niños. Esta consiste en que los menores son forzados a abandonar la niñez de manera prematura al conocer la violencia, el sexo y otros temas del mundo adulto antes de estar emocionalmente preparados para ello, debido a su exposición a la televisión, que era creciente en 1982, época en la que Postman escribió su libro.

En la opinión de Ruiz, la adolescencia sí existe, y la entiende como una serie de transformaciones no solo físicas, también emocionales: “Está comprobado que ocurren una sucesión de cambios cerebrales. Se trata de un evento madurativo en que acontece una poda neuronal. Todas las personas adolescentes sienten miedos y el mal estar emocional, aunque dentro de circunstancias culturales distintas. La forma de sentir, de pensar y de relacionarse cambian. Son personas en desarrollo”.

Lo que tendrían que hacer los padres

¿Y qué se debe hacer como padres y madres de un chico que está entrando en la adolescencia? Para Ruiz es una etapa brillante, llena de oportunidades y sirve para asentar la base de la vida adulta: “Hay que vivirla con curiosidad y emoción. Es verdad que en muchas familias esta etapa vital pilla a los padres a una edad que ya se sienten cansados y deseando tranquilidad, pero lo que aconsejo es que aprendan sobre este momento que sus hijos están viviendo, se informen, pregunten”.

Por su parte, Mascaró invita a los progenitores a ignorar los mensajes que tildan la adolescencia como una enemiga; dar una oportunidad a la conexión familiar y extender la mano para conocer a su hijo: “Hay que ver al niño por quién es. Si no se sabe cómo, porque nos desconectamos de él en el pasado, pues es necesario conocerlo, reconectar y acompañarlo ahora”.

Fuente: https://elpais.com/mamas-papas/familia/2022-11-17/aborrescentes-por-que-los-padres-tienen-tanto-miedo-a-la-adolescencia.html#?rel=mas

La sobreprotección en la adolescencia cría hijos cobardes y pasivos.

 No dejar que los jóvenes se equivoquen, se responsabilicen de sus tareas o solucionen a sus problemas, así como mostrar una preocupación excesiva por su seguridad o controlar sus relaciones personales, les impide desarrollar su autonomía y autoconfianza, cultivar su esfuerzo, paciencia y disciplina.



Qué complicado resulta en ocasiones para las familias con un hijo adolescente en casa darle la libertad y la autonomía que precisa para crecer. Regalarle el espacio que necesita para empezar a volar solo y conocer el mundo que le rodea como él desea. Permitirle que empiece a tomar sus propias decisiones, aunque cometa errores. Qué difícil resulta aceptar que un hijo o hija ha llegado a la adolescencia casi sin darnos cuenta. A los padres es habitual que el instinto les mueva a protegerles de situaciones retadoras que puedan ponerles en peligro o hacerles sentir mal. Sienten la necesidad de evitarles el sufrimiento, protegerles de posibles riesgos, rescatarles de emociones complejas o evitarles o evitarles que se frustren por miedo a dañar su autoestima. Una protección natural e instintiva que puede acabar siendo excesiva, limitando al joven más que ayudándolo.

Sobreproteger es proteger a un adolescente cuando no lo necesita y, normalmente, los padres y madres actúan movidos por los propios miedos, inseguridades o expectativas desacertadas. Un acompañamiento basado en la dependencia que lleva a no dejar que los hijos se equivoquen, que se responsabilicen de sus tareas o encuentren la solución a sus problemas, en ocasiones después de equivocarse o no conseguir lo que pretenden a la primera. Mostrando una preocupación excesiva por su seguridad, tendiendo a monitorizar las actividades que realizan o controlando las relaciones personales que establecen, llegando a colmarle de regalos que no necesita para que se sienta feliz, a cuidarlo de forma innecesaria o a alabar desmesuradamente sus cualidades olvidando sus defectos. Llegando a justificar las malas actitudes o los errores que comente para que no se frustre o tenga consecuencias negativas.

Las familias sobreprotectoras suelen ver riesgos donde no existen e intentan allanar el camino de sus hijos para que consigan todo aquello que desean por pavor a que sufran o se frustren. Una hiperprotección que impide a los adolescentes aprender y desarrollar las habilidades y competencias esenciales para su desarrollo integral, convirtiéndoles en agentes pasivos que esperan que sean sus padres los que solucionen los problemas o contratiempos. Un proteccionismo que le roba al adolescente la posibilidad de desarrollar su autonomía y autoconfianza, que le impide cultivar su esfuerzo, paciencia y disciplina. Que pueda descubrir sus fortalezas, trabajar las debilidades y buscar soluciones creativas a las dificultades.

Un joven sobreprotegido tendrá pánico al error, no será capaz de responsabilizarse de sus obligaciones ni modular y gestionar correctamente sus emociones. Se sentirá ansioso, deprimido e incapaz de hacer frente a las situaciones estresantes, y ante cualquier obstáculo se desmotivará con facilidad y se sentirá desvalido pudiéndose convertir en un pequeño tirano dependiente y muy influenciable. Tendrá, además, muchas dificultades para mantener una buena relación con sus iguales, pudiendo mostrar conductas erróneas para llamar la atención de los demás.

Con este acompañamiento tan proteccionista lo único que conseguimos es desprotegerle para la vida. El adolescente necesita protección, qué duda cabe, pero una protección adecuada a su edad y a sus necesidades educativas, sociales y emocionales. La mejor forma que tienen las familias de preocuparse por el bienestar y la seguridad de su hijo es encontrando un equilibrio entre la protección y la independencia. En este período de desarrollo tan convulso y repleto de cambios físicos, psicológicos, sociales y emocionales, el joven necesita sentirse capaz, libre y autónomo para poder explorar con independencia nuevas experiencias, construir y definir una nueva identidad, para decidir lo que le conviene o no y elegir lo que le hace o no feliz.

Necesita a su lado adultos que le muestren su confianza, que le animen a marcarse objetivos, que le regalen el tiempo que necesita para aprender. Que le recuerden a diario que la vida se compone de aciertos y desaciertos y que están a su lado sin condición.

Tres claves para dejar de proteger a un adolescente

  1. Permitir que tome decisiones es una excelente forma de fomentar la independencia. Dejar que tropiece, que pruebe y cometa errores aunque no haga las cosas bien a la primera. Que se enfrente a la frustración y se responsabilice de las consecuencias de sus elecciones.
  2. Potenciar su autoconfianza para que sienta seguridad en sí mismo haciendo crecer así su autoestima. Cuando un joven se siente seguro es más probable que asuma riesgos de forma responsable y sea capaz de resolver los problemas que vayan apareciendo. Ayudarle a reconocer sus fortalezas y a establecer metas realistas y alcanzables potenciará sus ganas de aprender y mejorar a diario.
  3. Permitirle explorar cosas y lugares nuevos, conocer a nueva gente, aprender de manera autónoma siendo consciente de los pros y contras de sus conductas y decisiones. Establecer en casa límites claros y consensuados ayudará al adolescente a desarrollar el espíritu crítico, la escucha consciente y el autocontrol.

Allanarle la vida a un adolescente no es la mejor manera de quererle. El joven necesita equivocarse, probar, desarrollar estrategias que le permitan llegar a ser un adulto comprometido y que se sienta con la capacidad de hacer frente a todos los desafíos que le deparará la vida.

Fuente: https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-10-04/la-sobreproteccion-en-la-adolescencia-cria-hijos-cobardes-y-pasivos.html

viernes, 10 de mayo de 2024

Cinco formas de fortalecer un vínculo seguro con tu hijo para que sea más feliz

 Los padres y madres deben establecer sobre su hijo unas perspectivas adecuadas que le hagan sentir que confían en él, que le quieren sin condiciones y que le animan a ser valiente

Todos los seres humanos necesitan sentirse queridos y aceptados. Vinculados afectiva y emocionalmente a las personas con las que conviven: que les cuidan, protegen y les muestran a diario su afecto. Un apego que les proporciona bienestar y que es imprescindible para que puedan entender el mundo que les rodea y gestionar adecuadamente las emociones. Este apego se convierte en una zona segura y confortable donde las personas pueden desarrollarse con calma y confianza. Ese lugar donde se siente el amor y el apoyo, donde todas las necesidades básicas quedan cubiertas y las posibles amenazas están controladas. Un espacio cálido donde pueden ser tal y como son sin miedo a ser juzgados.

En el caso de los niños, el apego seguro es la relación que establecen desde el momento de su nacimiento con sus padres o cuidadores de referencia que les ofrecen la seguridad, comprensión y confianza que necesitan para construir una buena autoestima, aprender a relacionarse con los demás y entender un mundo que, a veces, va demasiado deprisa. Todos los niños nacen con un instinto irrefrenable de apegarse a un adulto para le ayude y atienda todo aquello que precisan.

No se debe creer que establecer un apego seguro generará una relación de dependencia entre padres e hijos. Si no todo lo contrario, este apego basado, en la protección y la confianza, potenciará la autonomía del niño a través de la exploración y la creatividad. Cubrir las necesidades no significa que se deba satisfacer todos sus deseos o caprichos o que pueda hacer siempre lo que le apetezca. Este apego le permitirá aprender a responsabilizarse de sus tareas, a tener iniciativa personal y a asumir las consecuencias de sus conductas y actos.

Un adolescente que ha crecido con un apego seguro habitualmente tiene mejor capacidad para aprender, mayor facilidad para adaptarse al entorno, desarrollar sus habilidades sociales y hacer frente a los problemas considerando el error como parte esencial del proceso de aprendizaje. En cambio, si el joven no ha crecido con este tipo de apego se mostrará muy dependiente del adulto, inseguro y tendrá muchas dificultades para tomar decisiones y a todo aquello que siente.

Algunas pautas que los padres puedan utilizar para generar vínculos de afecto y seguridad con sus hijos son:

- Respetar, legitimizar y acompañar desde la empatía todas las emociones que sienten sin cuestionarlas ni etiquetarlas. Enseñando a identificarlas y regularlas correctamente. Acompañando la rabia, el miedo o la frustración con empatía y grandes dosis de comprensión.

- Pasar tiempo de calidad con ellos para poder crear vínculos estables, fomentando así la comunicación asertiva y respetuosa. Mostrar interés por todo aquello que les guste, interese o preocupe compartiendo momentos de juego y tiempo libre. Estos instantes distendidos serán claves para la construcción de un apego sólido que dure en el tiempo.

Explicitar a diario el afecto a través de los abrazos, las caricias, los besos, y  palabras de aliento. Sin condicionar el amor o apoyo en función de los resultados académicos que obtengan o de si el comportamiento es adecuado o no.

- Aceptar a su hijo tal y como es con sus virtudes y defectos, haciéndole saber que sus padres y madres le aman por lo que es y no por lo que hace o consigue. Establecer sobre él unas perspectivas adecuadas que le hagan sentir que confían en él, que le quieren sin condiciones, que le incitan a ser valiente. Mostrar una actitud abierta a escuchar, dialogar y solucionar conflictos desde el respeto.

- Ser adultos coherentes entre lo que se dice y se hace. Establecer y consensuar límites claros y estables estando presentes y disponibles en sus vidas.

Si se quiere que un hijo sea feliz y se desarrolle adecuadamente, este necesita tener a su lado unos progenitores que le acompañen desde el respeto y la comprensión. Que le apoyen cuando las cosas no vayan bien y le animen a esforzarse y trabajar de forma exigente para poder conseguir todo aquello que desee. Como decía el psiquiatra canadiense Eric Berne: “La mirada de una madre o un padre es lo que convierte a un joven en un verdadero triunfador.”

Fuente: https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-01-27/cinco-formas-de-fortalecer-un-vinculo-seguro-con-tu-hijo-para-que-sea-mas-feliz.html#?rel=mas_sumario

Cómo y cuándo hablar con nuestras hijas de la sexualidad femenina sin tabúes

 

Llega la pubertad y las inevitables preguntas sobre el desarrollo que tienen las adolescentes. ¿Cómo explicarles de una manera sencilla y clara lo que les está pasando?


Llega la pubertad y las inevitables preguntas sobre el desarrollo que tienen las adolescentes. ¿Cómo explicarles de una manera sencilla y clara lo que les está pasando? Miriam Al Adib Mendiri, ginecóloga y madre de cuatro hijas, considera que no se trata de una fórmula mágica de sentarse a hablar un día D a la hora H ya que, según explica, es mucho más sencillo.

Normalmente las niñas y las adolescentes están preparadas para recibir explicaciones cuando ellas mismas hacen las preguntas. Pero para que se atrevan a preguntar es necesario haber crecido en un entorno amoroso y seguro, un clima libre de coacción y tabúes, donde hayan disfrutado de una sana comunicación y confianza con sus progenitores”, sostiene la experta. “Desde el principio”, prosigue, “es necesario tener naturalidad, es decir, llamar a cada parte del cuerpo por su nombre, responder con sinceridad a sus preguntas desde que son pequeñas (nada de cuentos de cigüeñas que traen bebés), no estigmatizar la natural tendencia al autoconocimiento y autoplacer (desde la infancia es normal que se toquen o se masturben, solo hay que decirles que lo hagan en su intimidad, pero nunca darles a entender que esto sea malo) y, sobre todo, hablar de los cambios del cuerpo antes de que estos se produzcan”.

Pero más importante que lo que decimos, es lo que hacemos y cómo somos: “No se suele hablar del impacto que tiene para la adolescente la relación que tiene su madre con su propio cuerpo. Si la madre está todo el día transmitiendo mensajes negativos como odio mi cuerpo, estoy gorda, me hago vieja y fea, qué asco tener la regla, no soporto el vello o si trata cosas tan normales como la regla o la desnudez con tabúes (por ejemplo, si le pilla la hija cambiándose de compresa y en lugar de aprovechar para explicarle qué es la regla cierra rápido la puerta como si tuviera que esconder algo malo), … La niña estará captando el mensaje de que ser mujer es de lo peor y que tenemos muchas cosas feas que hay que ocultar”, sostiene la experta. Ante este panorama, según continúa, “sería muy normal que cuando empiecen sus cambios en su cuerpo repita los mismos tabúes y este odio contra su cuerpo. En cambio si la madre tiene una buena relación con su cuerpo, buena autoestima, no tiene tabúes, vive sus procesos sexuales y reproductivos de forma sana, tiene buena comunicación con su hija y siempre le ha respondido a sus preguntas con naturalidad, todo esto tiene mucho más poder que darle largas parrafadas cuando llega la adolescencia”.

La vagina, esa gran misteriosa

Todo tipo de apodos por no decir su nombre como si ello fuese una vergüenza. Pero no solo eso, sino transmitir información errónea o directamente no transmitirla. “Parece mentira que en el año 2021 muchas madres no sepan afrontar una explicación sencilla y natural, pero a la vez seria sobre las vaginas y todo lo que ello conlleva: sus partes, no es lo mismo la vagina que la vulva, el vello púbico, el funcionamiento de la regla, la mucosidad en la ovulación y sobre todo el tabú de los tabúes: que no se sientan avergonzadas de su sexo”, se lamenta la doctora.

Y la pregunta que muchas madres se pueden estar haciendo al leer esto es ¿cómo explicar con esa naturalidad, entonces, lo importante? “Pues con eso, con naturalidad, confianza y buena comunicación desde la infancia y no tener tabúes porque si no hay un clima de confianza y libre de tabúes no se atreverán a preguntarnos, y el problema de esto es que buscarán información sobre sus inquietudes en internet, donde todo lo que se refiere al sexo va en la línea del porno y esto hace muchísimo daño”, advierte. Acaban creyendo, continúa, “que la realidad del sexo es que las mujeres no somos sujetos sino objetos sexuales, que las vulvas son rosas, con labios menores muy pequeños y vulvas sin pelos, que tratar a una mujer como una cosa es normal, que la hipersexualización de la mujer es lo más de lo más, toda esa violencia se va interiorizando y muchas jóvenes acaban teniendo serios problemas de vergüenza, frustración, culpa… por no poder entrar en ese estereotipo de mujer lineal e hipersexualizada que se nos vende por todas partes”, advierte.

Miriam Al Adbiri es autora del exitoso libro Hablemos de Vaginas, un título que, por increíble que parezca, todavía sigue escandalizando.“Parece increíble, pero sí, hasta me han censurado varias veces la portada del libro en redes sociales, no se censuran las barbaridades que dicen con ciertos comentarios y canciones de adolescentes en las redes donde literalmente se cosifica y veja a las mujeres hasta el extremo y en cambio se censura la portada de un libro por el hecho de poner la palabra “vagina” y tener un dibujo que no es más que una alegoría de la entrada a la vagina, ni siquiera se ven los genitales de forma realista”, se lamenta. “Lo mismo me ha pasado con la portada de mi nuevo libro Hablemos de nosotras. Reflexiones de una ginecóloga rebelde, donde se hay un dibujo donde se ve un simple pezón”.

La ginecóloga tiene una intensa actividad en Instagram y ha repetido por activa y por pasiva que la higiene de la vulva no pasa por sacarle brillo y la razón de esto es porque el PH tiene su función. “Existe la idea generalizada (muy alimentada por la industria de la higiene íntima) de que los genitales huelen mal y que hay que utilizar productos de todo tipo para estar limpias. Hasta hay quienes creen que la depilación integral de la vulva es buena por higiene (evidentemente no me meto en eso de depilar sí o no, cada cual que haga lo que quiera, pero si lo haces no lo hagas por higiene ni por vergüenza, no es mejor para la higiene y nada en tu cuerpo debería ser motivo de vergüenza)”. La vagina (que es ese tubo elástico que llega hasta el útero), continúa, “no se debe lavar por higiene, las duchas vaginales son contraproducentes y la vulva (la parte que vemos por fuera) no requiere de ningún producto especial para la higiene. La microbiota y el pH de la zona vulvar y de la vagina se pueden alterar cuando utilizamos jabones y productos no adecuados para la zona, también con el rasurado integral. Todos ellos, precisamente, favorecen más las infecciones”, advierte.

Primera visita a la ginecóloga de una adolescente. ¿Cuándo y en qué consiste? De

Habría que hacer esta visita en cualquier momento que hubiera algún problema que requiera valoración ginecológica (puede ser necesario cuando hay exceso de sangrado menstrual, dolor intenso, infecciones vaginales de repetición, etc). En caso de no tener ningún problema, se recomienda una primera visita cuando se inicia la actividad sexual. “Normalmente en esta primera visita no solo nos centramos en la parte médica como tal, sino que aprovechamos para hacer educación sexual, hablamos de cómo protegerse de las ITS o embarazos no deseados. Es también un buen momento para aclararles sus inquietudes, preocupaciones o problemas derivados de las relaciones sexuales y de cómo se relacionan con sus parejas”, explica la ginecóloga. Para evitar que entren en situaciones de vulnerabilidad y abuso debería haber una educación sexual de calidad que aborde estos temas, “y esto no es solo para una consulta de ginecología, pues ahí deberíamos estar todos a una: sus padres, profesionales de la salud, profesionales de la educación, toda la sociedad entera. Aunque me temo que de momento esto es un poco utópico”, sostiene.

Según la experta, una niña no puede haber pasado toda la infancia sin hablar de absolutamente nada de sexualidad con su madre y de repente un buen día al llegar a la adolescencia decirle “Pepita, hija, tenemos que hablar sobre cómo evitar una ITS” y ni mucho menos decir en tono amenazante cosas como “mucho cuidadito con lo que haces” como si el sexo fuera algo malísimo. “La sexualidad como bien dice la OMS es inherente al ser humano desde que nace hasta que muere”, prosigue. “En las primeras etapas de la vida y en la infancia es importante desarrollar lo que llamamos un apego seguro con la madre, ya que se ha demostrado a través de numerosos estudios que un apego seguro favorece el neurodesarrollo del bebé, repercutiendo positivamente en su salud mental futura y por ende en su salud psicosexual, es decir, favorecerá que en su etapa adulta disfrute de una sexualidad sana, con vínculos saludables y relaciones simetrías libres de abusos”, argumenta. En este contexto donde se ha disfrutado de una infancia amorosa, con una buena base segura donde hay confianza y comunicación y donde no se les ha generado tabúes, “saldrá de forma espontánea y natural el momento idóneo para hablar de este tema concreto de la prevención de enfermedades de transmisión sexual y embarazos no deseados”.

La ginecóloga incide en que hay que insistir en que el preservativo hay que ponerlo desde el principio hasta el final, que no se la pueden jugar en esto, y que si dan con alguien que se niega a usarlo nunca jamás cedan en esto. “No hace mucho salió un adolescente muy mediático jactándose diciendo que él engaña a todas diciéndoles que es estéril y que no le hace le falta usar preservativo. Esto es gravísimo (de hecho legalmente es un delito), hay que explicárselo todo esto muy bien para que sean conscientes de lo que puede suponer hacer estas cosas sin pensar, y que aunque tomen anticonceptivos siempre deben usar el preservativo porque no solo hay que evitar embarazo sino también las ITS”, concluye rotunda.

Prevención de embarazos

Depende de cada caso. "En la consulta me encuentro de todo en estas edades. El caso ideal que me encanta encontrarme en la consulta es el de algunas chicas que no tienen tabúes y que además son muy responsables. Algunas de ellas acuden a la consulta con sus madres, con las que tienen mucha confianza, y ahí hablamos abiertamente de todo, no solo de la forma de protegerse de embarazos e ITS sino también de lo importante que es no dejarse atrapar por esos estereotipos donde las mujeres somos objetos de placer, hablamos de lo que son relaciones afectivas sanas y lo que no", explica.

"Otras veces", prosigue, "vienen solas, se quedan sus madres fuera porque les da vergüenza. Y hablamos también de todo esto".

"También me encuentro con chicas muy jóvenes que tienen relaciones, pero que no las disfrutan y están muy frustradas. A pesar de que hoy hay mucha información y tienen sexo muy fácil, hay muchas disfunciones sexuales y las causas son muchas, pero casi siempre hay detrás una pobre educación sexual, complejos y una idea de que el sexo y las relaciones afectivas son como lo que sale en las pelis románticas donde ellas ni pinchan ni cortan y que el sexo es como lo que sale en el porno donde ellas son objetos", concluye la ginecóloga.

Fuente: https://elpais.com/mamas-papas/familia/2021-09-24/como-y-cuando-hablar-con-nuestras-hijas-de-la-sexualidad-femenina-sin-tabues.html#?rel=mas

domingo, 10 de marzo de 2024

Prevención del consumo de drogas en adolescentes: consejos para padres y madres

 

Pasar tiempo todos los días con nuestros hijos en un contexto sin distracciones permite construir desde la infancia múltiples factores de protección, según los expertos.


Cuando los hijos llegan a la adolescencia los temores se apoderan de los padres: temor a la incomunicación, a la rebeldía propia de la edad, al declive de los resultados académicos, a los cambios de amigos y las consecuentes malas compañías… Y mucha más angustia nos supone la posibilidad de que se interesen por las drogas y las consuman de manera habitual. En efecto, las posibles adicciones dan mucho miedo y los datos de la reciente Encuesta ESTUDES lo avalan. Un 74,1% de los chicos, y un 77,5% de las chicas han consumido alcohol en el último año; mientras que cannabis, un 29,2% y un 25,9% respectivamente. El informe también refiere que la edad media de inicio en estos consumos es de 14 años. Muchos de estos chavales acaban en tratamiento por adicción en torno a los 25, según el Informe europeo sobre drogas 2021: tendencias y desarrollos, elaborado por el European Monitoring Centre for Drugs and Drug Addiction (EMCDDA).

Se sabe, incluso, las preferencias de las sustancias, según género. Aunque en los últimos años ciertos consumos se han homogeneizado, Sergio Fernández-Artamendi, profesor titular del departamento de Psicología de la Universidad Loyola y coautor de Adicciones y salud mental en adolescentes: Dos caras de la misma moneda comenta: “En nuestro estudio hemos observado que los chicos consumen cannabis con más frecuencia, y que tienen más problemas de consumo de alcohol y cannabis que ellas”. En el alcohol, Eulalia Alemany, directora técnica de la Fundación de Ayuda contra la Drogadicción, FAD, apunta una curiosidad: ellas se emborrachan más entre los 14 y los 16; y a partir de los 17 la tendencia se invierte y son ellos quienes más beben.

Las chicas también destacan por el consumo de tabaco y de “determinadas sustancias como los hipnosedantes, particularmente elevado —y sigue creciendo— entre ellas, que casi doblan en prevalencia a los chicos”, afirma el profesor de la Universidad Loyola. Y añade: “Otros consumos como el de cocaína son más elevados entre ellos; así como la práctica de juegos de azar y los problemas asociados al juego, que han crecido exponencialmente y son particularmente elevados entre los chicos”.

La prevención comienza en casa


La mayoría de los padres que estén leyendo esto pensarán que su hijo ‘no va a ser de esos’. Ese pequeño encantador y charlatán o esa cría divertida y cariñosa no pueden transformarse en solo unos años en alguien, casi, desconocido para el progenitor. Y es muy probable que sea cierto. Pero nadie está a salvo de una mala adolescencia. Los expertos recomiendan no esperar a que existan problemas para tratar de atajarlos, sino prevenirlos desde la infancia intensificando esfuerzos en la preadolescencia. Fernández-Artamendi aconseja una estrategia muy sencilla y eficaz: “Pasar una hora todos los días con ellos en un contexto sin distracciones (televisión, móviles); por ejemplo, la hora de la cena. Permite construir desde la infancia múltiples factores de protección relacionados con la supervisión parental: una relación de confianza, un mejor apoyo familiar percibido, desarrollo de habilidades sociales… De esta forma, cuando los problemas surjan en la adolescencia, será más fácil detectarlos de forma temprana y la relación establecida hará más fácil poder resolver los problemas de forma efectiva y sin (muchos) conflictos”.

Alemany se refiere a Factores de Protección. “Desde diferentes ámbitos se puede potenciar el desarrollo de este tipo de factores o habilidades para la vida que protegen frente a los consumos”. Se refiere a transmitir valores y actitudes positivas hacia la salud, claro. Pero también a ayudarles a crear su propia personalidad: “Fomentar la capacidad para tomar decisiones, la responsabilidad, enseñar habilidades para combatir la presión de grupo, la presión social hacia los consumos, crear un agradable clima familiar, transmitir un compromiso con la comunidad”. Por otro lado, la directora técnica de la FAD se muestra favorable a dar una información clara y objetiva sobre lo que son las drogas y sus efectos. “Si no lo hacemos por miedo a despertar curiosidades, estaremos fomentando esa curiosidad, y además nos arriesgaremos a que se busque esa información a través de otras fuentes, quizás no lo suficientemente preparadas”, como los amigos, Internet o películas que dan una imagen distorsionada.

Y en caso de que tengamos la intuición o la certeza de que algo está pasando y que se nos está yendo de las manos, hay que actuar y no dejar que el conflicto se cronifique. “Es preferible responder de forma temprana, y que el psicólogo nos dé algunas pautas ‘básicas’, que esperar en exceso. Es frecuente que en la clínica se reciban familias con múltiples problemas con sus hijos/as tras llevar años arrastrando conflictos”. Como en todo, lo difícil es mantener el equilibro: “Es importante tener en cuenta la edad que tienen y que no “patologizar” conductas que por otra parte pueden ser habituales o típicas en adolescentes, al menos en nuestra cultura”, añade Fernández-Artamendi.

Dos caras de la misma moneda

Todo esto hay que manejarlo teniendo en cuenta que en la adolescencia afloran muchos problemas de salud mental. El profesor de la Universidad Loyola afirma que “pueden ser problemas más o menos comunes en adultos, pero pueden enquistarse e incluso agravarse durante la infancia y adolescencia”. Hablamos de síntomas de ansiedad, tristeza, síntomas psicóticos, problemas alimentarios, pensamientos de tipo obsesivo-compulsivo, conductas antisociales.

Pues bien, estas patologías mentales tienen una relación muy estrecha con el consumo de sustancias nocivas. Sergio Fernández-Artamendi “Un chaval joven con ciertos problemas de salud mental tiene más probabilidad de utilizar sustancias o de desarrollar conductas adictivas como forma desadaptativa de lidiar con ese malestar psicológico, y probablemente de derivar en un consumo problemático. De la misma forma, el consumo de sustancias y las conductas adictivas pueden generar pensamientos, emociones y consecuencias psicosociales negativas que deriven en problemas de salud mental como ansiedad, depresión, etc. A menudo, esta relación es interactiva”. O de “influencia mutua”, como dice Eulalia Alemany.

La Directora Técnica de la FAD hace hincapié en “el consumo extendido y normalizado del cannabis en la población adolescente”. Esta sustancia puede suponer “trastornos mentales psicóticos, aunque parece que para que se den tiene que haber cierta predisposición genética en la persona”. En cualquier caso, “algunos expertos indican que la mayoría de los ingresos de adolescentes por trastornos psicóticos tienen asociado un consumo de cannabis”. Siempre teniendo en cuenta que la relación causa-efecto no está demostrada.

En parte se puede decir que es un poco como el dilema del huevo y la gallina. No siempre es fácil saber qué empieza antes. Pero sí que “todos los consumos de drogas pueden desencadenar un trastorno mental o agravar uno ya preexistente”, confirma Alemany. Es decir, hay que estar atento a si los chicos consumen. Pero también a si tienen algún tipo de problema de salud mental previo.


https://elpais.com/mamas-papas/2021-06-30/prevencion-del-consumo-de-drogas-en-adolescentes-consejos-para-padres-y-madres.html#?rel=mas


Herramientas para mantener conversaciones sinceras y amables pero difíciles con los hijos

 

La sexualidad, el consumo de drogas o la salud mental son muchas veces charlas complicadas para tratar con niños o adolescentes. Informarse bien, crear un ambiente emocional adecuado o fomentar que confíen en sus padres o madres es necesario para afrontar temas que muchas veces son tabú en casa.


Durante la crianza resulta inevitable entablar ciertas conversaciones con los padres y madres. Abordar temas como la sexualidad, el consumo de drogas o la salud mental no deben ser considerados un problema. Hablar de ello es totalmente necesario y saber manejar la conversación es una parte importante de la educación. Los expertos coinciden en la necesidad de tener una comunicación abierta, respondiendo a las preguntas de los menores con sinceridad, adaptando la información a sus necesidades e intereses y manteniendo la puerta abierta para charlas futuras.

Víctor Blanco Pérez, responsable de los planes municipales sobre drogas y coordinador de la estrategia de promoción para la salud y prevención en el ayuntamiento de Arganda de Rey, manifiesta que ante un fenómeno tan complejo como el consumo de drogas ha de intervenirse desde diferentes ámbitos. “Desde el familiar, se deben poner en marcha estrategias de afrontamiento que han de girar en torno a dos variables relacionadas con la crianza, como son el control y la afectividad”. Según explica el experto, se consigue el control a través de normas claras y la afectividad —el conjunto de sentimientos y emociones de un individuo, así como el carácter que asume un determinado estado psíquico— como base de las relaciones en el hogar. “Y ambas han de ponerse en práctica desde el inicio de la crianza, es decir, a edades muy tempranas”, prosigue, “la prevención del consumo de drogas desde este ámbito está más relacionada con esto que con la mera transmisión de conocimientos e información con respecto a las consecuencias que puede tener ingerir sustancias tóxicas en el desarrollo de nuestros menores”.

Blanco explica también que los padres y madres deben ser modelos de conducta. “Las conversaciones sobre consumo de drogas han de abordarse desde posiciones no alarmistas ni moralistas y habiéndose documentado bien con información basada en la evidencia en relación con estas sustancias”.

La sexualidad es otro de los temas que a las familias les suele costar más afrontar a la hora de mantener una conversación. Raquel Hurtado, psicóloga y sexóloga de Sedra (Federación de Planificación Familiar), considera que las familias aportan algo que ningún profesional puede: “Ofrecen un marco de actitudes y valores, responden a las primeras preguntas y tienen la posibilidad de nutrir la autoestima de sus hijos”.

Hurtado ofrece algunas claves para abordar una conversación sobre sexo con niños y adolescentes:

  • No se trata de todo o nada. Algunas familias piensan en la conversación sobre sexualidad como una cuestión de ahora o nunca. Esa educación sexual corta solo lleva a lo que normalmente se ha llamado la charla: dos minutos de conversación para decirle a los hijos que se pongan el preservativo o que tengan cuidado.
  • La educación sexual en familia se construye día a día. Una serie, una película, una canción, un comentario... puede ayudarnos para preguntar a los menores: “¿Tú qué piensas?”, “¿Qué harías en esta situación?”. Para utilizar lo cotidiano es importante que se dejen de juzgar o criminalizar los referentes de las personas jóvenes.
  • Desde el principio, sin posponerlo hasta la adolescencia. Tenemos sexualidad desde el nacimiento, y desde ese momento se puede educar la sexualidad. Esto se consigue conociendo y nombrando el cuerpo, ayudando a identificar y comunicar lo que les gusta y lo que no, entrenando habilidades interpersonales y de comunicación que se van a poner en juego en las relaciones o ayudando a gestionar las emociones.
  • La sexualidad no son las relaciones sexuales. Es una esfera más amplia que incluye la identidad, la autoestima, el cuerpo, los deseos o las relaciones, entre otros.
  • La educación sexual tiene que ser vinculada con la respuesta a las interrogantes que formulan los menores. Para lograr tal objetivo, resulta fundamental disponer de información y comprender lo que se pretende, siempre adaptándolos a sus necesidades y habilidades. Para ello, es interesante hacer preguntas del tipo: “¿Por qué quieres saberlo?,” “¿Dónde lo has escuchado?”, o “¿Qué has oído sobre esto?”. Eso ayuda a conocer lo que ya saben y a dar respuestas ajustadas a lo que necesitan.
  • Hay niños que no preguntan. No se les puede obligar a que cuenten sus cosas; pero los padres y madres sí que pueden ir lanzando ideas, haciendo comentarios, expresando opiniones y, sobre todo, dejando claro que su puerta está abierta para lo que necesiten, si en algún momento surge una dificultad
Para Miguel Guerrero, especialista en conducta suicida, psicólogo clínico y Coordinador de Salud mental del Hospital Clínico Universitario Virgen de la Victoria (Málaga) y responsable de la Unidad Cicerón de Prevención del suicidio, abordar conversaciones sobre salud mental con los hijos puede ser delicado, pero es crucial. Es importante estar atento a posibles señales de alerta que indiquen la presencia de algún trastorno psicológico en ellos. Para Guerrero hay algunos puntos clave apara tener una entrevista amable, honesta y cálida, pero directa, con los menores:

  • Establecer un ambiente de confianza. En primer lugar, los padres tienen que asegurarse de que el entorno sea cómodo y privado para que su hijo o hija se sienta seguro al compartir sus pensamientos y sentimientos, teniendo en cuenta que el vínculo de confianza se debe cultivar y nutrir desde el inicio de la crianza. Si nunca se ha tenido una conversación íntima, no se suelen preocupar por sus problemas o no se ha respetado su intimidad, es posible que el niño o adolescente no confíe en ellos cuando lo necesite. Deben cuidar este aspecto en el tiempo.
  • Fomentar la apertura. Los progenitores deben dejar a su hijo expresar sus emociones sin juzgar. Tienen que hacerle saber que es normal tener altibajos emocionales y que estarán allí para apoyarle. Pero no hay que contarle batallitas ni echar sermones o dar consejos sobre lo que hacían ellos cuando eran niño/a. Es importante validar sus sentimientos sin más. Menos hablar y más escuchar.
  • Escuchar activamente. Prestar atención a lo que tu hijo tiene que decir. Mostrar empatía y entender sus sentimientos, incluso si no se está de acuerdo con ellos.
  • Evitar la minimización. Los padres no deben minimizar ni menospreciar las preocupaciones de su hijo.
  • Educar sobre salud mental. Explicar de manera sencilla y clara qué es la salud mental, desterrando estigmas y mitos. Hacer hincapié en que es tan importante como la salud física y la social. Igual que se transmiten conocimientos e información sobre aspectos de la salud física, se puede enseñar a los hijos la importancia del cuidado de la salud mental.
  • Normalizar la búsqueda de ayuda. Informarles sobre la normalidad de buscar ayuda profesional cuando sea necesario.
  • Fomentar el autocuidado. Los padres deben enseñar la importancia del autocuidado, como propiciar un sueño adecuado, una dieta equilibrada y la práctica regular de actividades que les brinden placer y relajación.
  • Explorar soluciones juntos. Los progenitores les pueden preguntar qué les ayuda a sentirse mejor y animarles a establecer metas alcanzables.
  • Mantener la comunicación abierta. Establecer un canal de comunicación constante. Padres y madres deben decir que siempre están dispuestos a hablar con ellos sobre sus preocupaciones, sin importar lo pequeñas que puedan parecer.
https://elpais.com/mamas-papas/familia/2024-03-02/herramientas-para-mantener-conversaciones-sinceras-y-amables-pero-dificiles-con-los-hijos.html#Echobox=1709381624

El equilibrio entre el afecto y la exigencia, clave en la crianza de los hijos

 

Mostrar atención y amor a un menor nada tiene que ver con malcriarle, el niño o adolescente necesita consolidar relaciones afectivas sólidas y seguras que le ayuden a desarrollarse.

Las personas son seres afectivos por naturaleza. Si se pregunta a un adulto qué es aquello que más recuerda de su infancia, seguramente describa situaciones en las que sus padres o cuidadores habituales le mostraban algún tipo de afecto. Momentos en los que parecía que el tiempo se detenía y los problemas se hacían mucho más pequeños. Cuando un buen abrazo, una palabra o un beso tenían el gran poder de hacerle sentir mucho mejor. Muestras de cariño que eran capaces de calmar el dolor, de acompañar las emociones con mimo y ternura y de fortalecer el corazón.

Si hay algo que tienen en común todas las personas es que necesitan sentirse cuidadas y aceptadas para ser felices. No hay nada más reconfortante para un niño o adolescente que sentir que sus padres le acompañan con grandes dosis de afecto y paciencia. Que le educan con cariño y respeto aunque cometa errores, y le dan el tiempo que necesita para aprender sin miedo a equivocarse. Que dan respuesta a sus necesidades y le aceptan tal como es sin imponerle unas expectativas desacertadas.

A lo largo de la infancia y la juventud, el niño y el adolescente necesitan consolidar relaciones afectivas sólidas y seguras que le ayuden a desarrollarse en armonía, que le permitan crecer en un entorno de confianza en el que se sienta protegido y acompañado. Mostrar atención y amor a un menor nada tiene que ver con malcriarle. De forma muy equivocada hay quien piensa que besar o abrazar a menudo le convierte en una persona tirana que solo es feliz si consigue aquello que desea. El cariño es totalmente compatible con establecer normas y límites claros que le enseñen lo que debe o no hacer.

El cariño es imprescindible en el proceso de crianza, educar en el afecto es de vital importancia para un sano desarrollo personal, emocional y afectivo. El tono afectivo que rodee al niño determinará en gran medida su actitud ante la vida y la forma en la que se enfrente a las dificultades.

Un joven que crece en un ambiente estable y equilibrado tendrá más facilidad para interpretar su entorno de forma positiva y para construir un buen autoconcepto de sí mismo. Es más probable que se convierta en un adulto con una buena autoestima, segura, responsable, colaboradora y feliz. Tendrá una mayor capacidad de hacer frente a la frustración, para esforzarse por conseguir todo aquello que se proponga y enfrentarse con éxito a las distintas situaciones que le regale la vida.

En cambio, si crece en un entorno desagradable e inseguro, donde no se le da respuesta a sus necesidades y aspiraciones, se sentirá desconcertado y con muy poca confianza en sí mismo. Si se siente poco querido o acompañado reclamará la atención de sus padres constantemente de forma desajustada y mostrará muchas dificultades para relacionarse correctamente con otras personas con las que convive.

En ocasiones, las familias se obsesionan con el hecho de que sus hijos obtengan el mayor número de contenidos y habilidades posibles olvidando ofrecerles lo que más necesitan para su desarrollo. Un acompañamiento basado en la afectividad, la comprensión, la exigencia y el cariño sin medida que les facilite crecer sintiéndose apoyados. Una educación que esté basada en la paciencia, la presencia y la comprensión acompañada siempre con grandes dosis de arrumacos y mimos. Donde los besos y los abrazos se conviertan en el mejor instrumento para educar y las emociones puedan expresarse y mostrarse con libertad y sean acompañadas con mucho respeto.

Claves para educar en el afecto

  1. -Es imprescindible que el niño o adolescente se sienta querido y aceptado con sus defectos y sus virtudes. Que potencien su autoconcepto, autonomía e iniciativa personal para que sea capaz de tomar sus propias decisiones y se haga cargo de sus responsabilidades y consecuencias.
  2. -Las familias deberán encontrar el equilibrio entre la exigencia y el cariño, consiguiendo así que el niño o joven tenga confianza en sí mismo y se sienta seguro en su entorno. Establecer límites y normas claras y precisas ayudará también a que se sienta protegido.
  3. -Se deberá fomentar que identifiquen e interioricen sus sentimientos, y hablen de todo aquello que les preocupa o les interesa sin sentir que se les cuestiona o realizan sobre ellos juicios de valor. También que aprendan lo que es la empatía, a ponerse en el lugar del otro.
  4. -Conviene ayudar al niño o adolescente a asumir sus responsabilidades y a trabajar de forma constante felicitando sus esfuerzos. Basando el acompañamiento en la comunicación afectiva y el amor incondicional.

La forma en la que los padres y madres quieran a un niño o adolescente será la forma en la que se quiera él mismo. Un menor necesita muestras de afecto cálidas y afectuosas a diario, que pasen tiempo de calidad con él para escucharle sin prisas. Los besos, los abrazos, las caricias, las miradas cómplices y las palabras de aliento no pueden faltar en la educación. Como decía Platón: “Donde reina el amor, sobran las leyes”.

https://elpais.com/mamas-papas/expertos/2023-02-12/el-equilibrio-entre-el-afecto-y-la-exigencia-clave-en-la-crianza-de-los-hijos.html