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martes, 25 de agosto de 2015

12 soluciones frente a la rebeldia de los adolescentes

¿Y si resulta que tu hijo adolescente está tan rebelde, insoportable y desmotivado porque la familia y el matrimonio también está en crisis? Reconocer los problemas que hay en casa es el primer paso para la búsqueda de soluciones para la rebeldía de los adolescentes.
En muchas ocasiones, los adolescentes son conscientes del distanciamiento que hay entre los padres, de la falta de firmeza, de las broncas habituales que hay ente ellos o simplemente, que no están en casa porque "siempre están trabajando". Entonces es cuando sienten que su familia se desmorona, que no se puede estar en casa y surge este comportamiento basado en la rebeldía.


¿Qué se puede hacer si la falta de comunicación de los padres, y el distanciamiento evidente entre ellos es el origen de la rebeldía, de la deriva y de la falta de autoestima del hijo adolescente?
Aquilino Polaino da respuestas a posibles conflictos familiares. Se trata de mejorar la autoestima en toda la familia, para protegerla de la rutina, el individualismo, la ruptura y las frustraciones:
1.   Si los padres están más tiempo fuera de casa que en el hogar por trabajo u otras ocupaciones: el remedio está en la disponibilidad. Consiste en dedicar tiempo (¡que es lo que menos tenemos!) a  atender a nuestros hijos y a nuestro cónyuge. Con los adolescentes, por ejemplo, no vale lo de "este tema ya lo hablaremos el sábado con tranquilidad, cariño". Para el sábado, tu hijo/a de 13 años ya se ha emborrachado con un/aamigo/a y van a hacer lo que se les ocurra. Hay que estar disponible, porque hay problemas que sólo se arreglan en el momento en que el otro se anima a plantearlo y pide ser escuchado.
2.   Cuando los padres no saben contenerse y discuten siempre delante de los hijos.Los padres han de convencerse de que son del todo necesarios e imprescindibles para que sus hijos adolescentes lleguen a la madurez que es propio de las personas. Tenéis que hacer el esfuerzo, con ayuda externa si es preciso, por mejorar vuestra relación, por el bien vuestro y la de vuestros hijos. Lo que nunca podéis hacer es "utilizar" a los hijos para hablar mal del otro cónyuge porque, además de que ellos sufrirán mucho, conseguirán que los hijos se alejen más de vosotros.
3.   Si en nuestra familia hay demasiado individualismo, nadie habla con nadie y todo el mundo va a lo suyo. El individualismo es el cáncer del siglo XXI. Nosotros y nuestros hijos estamos atados a máquinas gratificantes: el DVD, la TV, la videoconsola, Internet...La comunicación en la familia, no tener miedo a contarse lo que a uno le ocurre, compartir conversaciones sinceras y cercanas, nos engrandece como personas y nos da mucha satisfacción.
4.   Si los padres tienen una mala comunicación con los hijos y no pueden dialogar con ellos: Una solución muy efectiva es que los padres hablen menos y escuchen más. En muchas familias, cuando un padre o madre dice "hijo, tenemos que hablar", el chaval piensa "uy, malo, malo". ¿Por qué? Porque sabe que los padres cuando dicen "tenemos que hablar" quieren decir "te voy a soltar un discurso por algo tuyo que no me ha gustado". Esto cambiaría si los padres se hicieran un propósito: dedicar el 75% a escuchar y sólo el 25% a hablar.
5.   Cuando los padres carecen de coherencia y autoexigencia. Uno es coherente cuando lo que piensa, siente, dice y hace es una sola y misma cosa. Pedimos a nuestros hijos que estudien pero ¿nos ven a nosotros estudiar, leer revistas de nuestro oficio, ponernos al día en nuestra especialidad? Hay que dar ejemplo primero. Así aprenden a autoexigirse, que es mucho mejor que tenerlos vigilados 24 horas al día. Esto es un progenitor potenciador, motivador, animador y protector al mismo tiempo.
6.   Cuando los padres están siempre de mal humor, sin iniciativas. Tener iniciativa, inquietudes y buen humor, son tres factores útiles para la autoestima familiar. La rutina es un enemigo en las relaciones conyugales y con los hijos. El punto clave es que haya creatividad e iniciativa en la vida de pareja y eso se contagiará a toda la familia. Las mejores horas deben ser para compartir con tu mujer o con tu marido. Si la pareja va bien, los hijos aprenden su "educación sentimental" simplemente viendo cómo se tratan sus padres, viendo que se admiran, se halagan, se alaban, son cómplices.
7.   Cuando los padres se creen que ellos tienen siempre la razón. Hay que conocer y aceptar las limitaciones de cada uno, las de tu cónyuge, las de tus hijos. Y hacer críticas constructivas para ayudar a mejorar, no para destruir y bajar la autoestima. Las comparaciones entre hermanos son odiosas. Y también hay que saber pedir perdón como padres si creemos que nos hemos equivocado.
8.   Cuando los padres no saben aceptar al hijo o al cónyuge tal como es. Reconocer y reafirmar lo que vale la otra persona, es vital. Nuestros hijos también tienen que aprender a tolerar la frustración, eso sí, acompañado de sus padres. También hemos de saber que somos buenos en unas cosas y no en otras. "Hijo, pareces bueno en A y en B, pero creo que C no es lo tuyo". Reafirmemos al otro en lo que vale, y se verá a sí mismo como lo que es, una persona valiosa.
9.   Si los padres tienen muy poca paciencia con sus hijos. Los adolescentes forman la generación del "yo" que ha de ser transformada en la generación del "nosotros". Esa transformación necesita del tiempo y por tanto, de mucha paciencia de los padres. Sin esa paciencia, la vida del hijo primero se astilla y luego se fragmenta.
10.   Cuando no dejamos al hijo estimular su autonomía personal. Forma parte de la libertad, de hacer cosas buenas, dejarles crecer, darles autonomía personal, que hagan las cosas por él mismo, darles siempre oportunidades.
11.   Cuando no se tiene un proyecto personal de vida, ni de la familia. Para ello, hay que volver a empezar y diseñar un proyecto personal. No irás muy lejos si no sabes donde quieres ir. Has de tener un proyecto personal para crecer, y atender y ayudar a discernir y potenciar los proyectos de los tuyos.
12.   Cuando los padres no saben alternarse en la educación de los hijos y cada uno quiere llevar la voz cantante. Por ejemplo, la hija adolescente en muchas ocasiones suele detestar en esta etapa a la madre, hasta tal punto de prometerse a ella misma que jamás será como ella. Esto que duda cabe, hace sufrir mucho a las madres. Es mejor que en esta etapa, con diálogo entre la pareja, el padre se ocupe más de la educación de la hija adolescente. Entre otras cosas, porque tu hija aceptará mejor las cosas que le diga su padre. Y la madre no tiene que tener miedo a perder su cariño, ya que seguro que pasados dos o tres años, la hija volverá donde su madre y su comportamiento será más comprensivo y menos violento. La alternancia entre el padre y la madre en la educación de los hijos es muy convenientes para toda la familia. Gracias a ello, la autoridad de los padres se erosiona menos.



Fuente: http://www.hacerfamilia.com/adolescentes/noticia-12-soluciones-frente-rebeldia-adolescentes-20150727122901.html 
Patricia Palacios Asesor: Aquilino Polaino. Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense, Director del Departamento de Psicología de la Universidad San Pablo-CEU, licenciado en Filosofía (Universidad de Navarra) y Psiquiatra. Autor del libro "Familia y Autoestima" de Editorial Ariel. 

La rebeldía adolescente: cuando la familia es el origen

En muchas ocasiones, los padres pensamos que nuestro hijo es el que tiene que cambiar. No se puede vivir con tanta rebeldía, tanta pereza, tanto hacer lo que le da la gana. Sin embargo, no nos paramos a pensar que quizás somos nosotros, los padres, los que nos estamos equivocando, los que, por diversos motivos con o sin intención, estamos actuando mal y es la familia el origen de la rebeldía adolescente.


"Mi hijo está insoportable. Todo lo que le digo le entra por un oído y le sale por otro. Ha bajado en las notas, vive en casa como si fuera una pensión y sus faltas de respeto son continuas. Con su padre no puedo contar porque siempre está trabajando y además, él y yo no hablamos últimamente de nada". Si esto te suena, sigue leyendo.

¿Tenemos los padres la culpa de la rebeldía de los hijos adolescentes?

La adolescencia es una etapa de cambios, es una etapa de crisis. La niñez se va quedando atrás y el chico o la chica va descubriéndose así mismo, su interior, su persona.
Es verdad que la rebeldía viene aparejada a la adolescencia, pero no por ello, debemos pensar que "son cosas de la edad que ya se le pasarán". No. Tenemos que saber las causas de sus sublevaciones y sobre todo, averiguar si esa rebeldía es una respuesta a su falta de seguridad por no ver una familia estable, por observar unos padres desunidos, distantes, que pasan más tiempo en el trabajo que en casa, que se ignoran o por el contrario, que están todo el día discutiendo. Quizás, el matrimonio ya está roto. Tenemos que descubrir si nosotros, los padres, somos los responsables de que nuestro hijo esté totalmente descentrado.

El adolescente necesita una familia que le escuche

El adolescente necesita, más que nadie, una familia que le escuche, le comprenda y le quiera. Es una época en la que necesitan seguridad y confianza de sus padres y educadores, necesitan que les reafirmen en lo que valen y les permitan sentirse seguros de ellos mismos. Si no reciben de sus padres esa seguridad, se sentirán a la deriva.

Madres, al borde de un ataque de nervios

Quizás te veas reflejada en esta escena: tienes un hijo adolescente que nada le puedes decir porque está siempre como enfadado, que cada vez que te diriges a él o ella con ánimo de dialogar, recibes respuestas monosilábicas y hurañas. Sin embargo, eres consciente de que debes decirle muchas cosas, incluso más que hace unos años. Las madres están casi siempre en el centro del ojo del huracán de las discusiones con sus hijos adolescentes. Y muchas veces terminas diciendo: "Cuándo venga tu padre, verás" como si el padre fuera el agente de autoridad, un padre-gendarme que ha de imponer el orden que el adolescente quebranta y la familia precisa.
Con hijos o situaciones así, es comprensible que la madre esté casi siempre al borde de un ataque de nervios, y que su ansiedad se proyecte y se resienta luego en las relaciones con su marido, quien en algunas ocasiones, en plan benevolente para con el hijo, tal vez culpe a la madre por lo inoportuna, machacona y desacertada que está en lo que le exige a su hijo adolescente.

La crisis de pareja con hijos adolescentes

Es en estos casos, cuando el conflicto madre-hijo, (en otras ocasiones el conflicto se da entre el padre y el hijo) se amplía y se prolonga en el conflicto esposo-esposa, por lo que la madre (o padre) están muy cansados y se cuestionan "¿Se puede vivir así?".
La crisis en la pareja revierte en una educación demasiado permisiva hacia sus hijos. ¿Por qué pierden los padres su firmeza para decir no cuando es que no? Porque el padre o la madre buscan también consuelo en sus hijos, y quieren a toda costa no perder su cariño que no encuentran en su cónyuge. Así, evitan broncas, discusiones etc. No se dan cuenta lo equivocados que están con ese planteamiento educativo, ya que está demostrado que un hijo no quiere más a sus padres en la medida en que le dejan hacer lo que quiere, sino en la medida en que tenga unos límites que le lleve a esforzarse y a crecer en voluntad en sus estudios, en su vida, en sus relaciones sociales.
La educación permisiva, sin límites, aboca a los adolescentes a llevar una vida de auténtico confort, sin esfuerzo por nada, exigiendo para que todo esté a punto y como él quiere. Nunca se conformará y siempre pedirá más, más dinero, más caprichos, más bienes materiales.
Por lo tanto, la ausencia de convivencia familiar, el aislamiento personal y la generalizada permisividad pueden transformar la vida de los adolescentes en auténticas islas en el mar infinito del mundo, sin brújula para orientarse y sin energías para buscar la brújula perdida de la que no disponen.

Consejos para que la familia no sea el detonante de la rebeldía del adolescente

1.   No es fácil para el adolescente convivir con unos padres distantes entre ellos, desunidos y sin complicidad el uno con el otro. En definitiva, sin unos padres que se quieran. Es preciso que algo cambie tanto en los padres como en los hijos, si es voluntad de ambos sobrevivir a esa convivencia.
2.   Tu hijo adolescente necesita que lo escuches, que lo orientes, que les apoyes, que le ayudes. Frases como "hijo, tengo muchos problemas como para atender tus tonterías", causan mucho daño a vuestro hijo.
3.   Evita criticar a tu pareja delante de tu hijo adolescente, o hablar mal de él/ella a solas con tus hijos, no vas a conseguir "ganártelo" y ni alejarlo de tu pareja. No es verdad. El adolescente sufre mucho con estas situaciones y lo único que conduce es a alejarse más de sus padres, buscando consuelo "fuera".
4.   Practica la escucha activa con tu hijo/a, mirándole a los ojos y expresando atención. También tienes que escuchar lo que para él es importante y a ti te parece una tontería. Si no atiendes a sus "tonterías" no pretendas que luego te cuente las cosas serias.
5.   Dedica tiempo hijo a hijo todos los días. Ése es el tesoro que cada hijo se lleva de sus padres. Recordemos que nuestros padres, al morir, sólo nos dejan realmente el tiempo que pasaron con nosotros.
Es difícil, porque cuesta, pero ¿has preguntado a tu hijo adolescente lo que piensa de ti, de vosotros como padres, lo que añora de vosotros? Quizás no te has dado cuenta que necesita, por ejemplo, que estés más tiempo en casa, que necesita notarlos más cariñosos entre vosotros, que sufre mucho cuando los ve tan distantes, que solo le preguntas sobre los deberes y necesita que hables con él de la vida. Propóntelo, aunque cueste.



Fuente: http://www.hacerfamilia.com/familia/noticia-rebeldia-adolescente-cuando-familia-origen-20150727123827.html
Patricia Palacios Asesor: Aquilino Polaino. Catedrático de Psicopatología de la Universidad Complutense, Director del Departamento de Psicología de la Universidad San Pablo-CEU, licenciado en Filosofía (Universidad de Navarra) y Psiquiatra.